INVITA SOROS

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Domingo, 17.02.19

Sospechoso idilio con el millonario que acosa a democracias

«CON George Soros en Múnich, intercambiando impresiones acerca de inmigración, los desafíos que enfrenta Europa y el futuro de África». Así rezaba ufano el tuit del ministro de exteriores español, con foto que lo mostraba con unos colaboradores desayunando cara a cara con el multimillonario especulador George Soros. No contaba Josep Borrell por qué le pareció tan importante desayunar con Soros, alguien que no tiene mandato de nadie y de nada, no tiene cargo, no representa a nadie más que a sus millones. Soros tampoco es un gran empresario con miles de empleados por el mundo. Su fortuna no procede de éxitos empresariales como la de Bill Gates, Jeff Bezos o Amancio Ortega. Soros se enriqueció siempre con la especulación financiera y en la piratería cambiaria como aquel asalto a la libra esterlina. Incluso siendo todo legal, lo que muchos han dudado, no parece el personaje ejemplar para un ministro de izquierda. Tanto se ha odiado a William Randolph Hearst, el magnate de la prensa norteamericana que dedicaba su dinero y poder a la injerencia política, organizar guerras y derribar gobiernos. Soros hace exactamente lo mismo, pero la izquierda mundial lo adora. Y perdona la procedencia de sus millones, porque a muchos les llega la gracia.
Tiene Soros una inmensa red internacional de medios que no figuran como medios suyos y periodistas que son suyos y se dicen independientes. Y una trama colosal de cientos de asociaciones, grupos de trabajo, foros, empresas y ONG que trabajan con él y para él. En España tiene compradas con contratos, seminarios, conferencias, viajes o nómina a muchas caras conocidas. E intenta derribar gobiernos democráticos que no le gustan. De derechas. También a torpedear todo freno a la inmigración ilegal y al multiculturalismo que destruye las sociedades de las naciones europeas. Sus principales enemigos son Donald Trump y Viktor Orban en Hungría. Quiere acabar con ambos. Ha gastado cientos de millones en ello. De momento, sin éxito. Soros es de ascendencia judía húngara. Sus defensores, el establishment de Bruselas, la socialdemocracia de derechas e izquierdas y la mayoría de los medios, acusan de antisemita a cualquiera que le ataque. Cuando el Gobierno israelí y organizaciones judías lo consideran persona non grata y un enemigo del Estado judío y de los judíos, ya que financia centros izquierdistas y antisemitas y una inmigración ilegal musulmana en Europa que ha disparado el antisemitismo.
Borrell al menos ha hecho público su encuentro. Porque Soros estuvo de visita secreta en La Moncloa nada más poner el pie allí Pedro Sánchez. Nada se sabe de esa siniestra cita que convirtió al hipermillonario en la primera visita extranjera a Sánchez como jefe de gobierno. Nadie ha explicado cómo se gestó, a petición de quién, con qué contenido y cómo es posible esa máxima prioridad a Soros. No hay que ser malpensado para sospechar que el invitado se invitó y llegó con autoridad y recomendaciones. Soros quiere destruir las naciones europeas. Las considera una fuente de discordia. Y mima a quienes busca o ya tiene de colaboradores en ello.

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