EL LUXEMBURGUÉS NERVIOSO

Por HERMANN TERTSCH

ABC  Sábado, 15.09.18

En Europa hay ya dos posiciones muy definidas para afrontar la inmigración masiva. Son además dos posiciones cada vez más irreconciliables. Ayer en Viena, en una conferencia de ministros del Interior de la UE sobre inmigración de Africa, casi llegan a las manos los ministros de Italia, Matteo Salvini y de Luxemburgo, Jean Asselborn. Este mandó literalmente «a la mierda» a Salvini que se había burlado de la intervención de un político socialista del opulento Luxemburgo, muy habituado él a dar clases de moral y generosidad a los países que sufren de verdad el flagelo de la inmigración ilegal. Cuando Asselborn dijo que Europa necesita inmigración, Salvini respondió que en Italia han decidido que quieren tener hijos y no esclavos, en alusión a Luxemburgo y su mano de obra barata. Y guste o no a Salvini, ese es el debate.
Todos están muy nerviosos porque cada vez son más los europeos que han dejado de resignarse a que Europa desaparezca convertida en un barrio multicultural de salarios bajos para unas elites muy multiculturales pero que solo viven entre ellos. En la derecha europea ha estallado la guerra entre esas dos posiciones. Los que comparten con la izquierda la lógica, real hace medio siglo pero falaz hoy, de fomentar inmigración con una integración que no existe, combaten a la nueva derecha. Que quiere una Europa que controle sus puertas, exija sometimiento a la ley o repatriación para una Europa en la que el legado europeo, la soberanía nacional y la sociedad abierta sea defendidos.
Con natalidad y fronteras, como dice el demonizado Viktor Orban que en Hungría ya ha logrado invertir la tendencia de la natalidad. Si en algunos países hacen falta inmigrantes, deberán ser legales y elegidos.
Nadie duda ya seriamente de que la inmigración es «la madre de todos nuestros problemas», en frase feliz del ministro del Interior alemán, Horst Seehofer. Y que es la amenaza mayor a la libertad, seguridad y bienestar. Es este fenómeno el que ha puesto en marcha la gran transformación ideológica en Europa que apunta al fin de la socialdemocracia como sistema único europeo. De ahí el pánico y los nervios.

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ACORRALADO Y PELIGROSO

Por HERMANN TERTSCH

ABC  Viernes, 14.09.18

Sánchez debe serenarse y convocar elecciones antes de que pase algo grave

«TENGAN ustedes cuidado con ese hombre», me dijeron ayer varios conocidos a lo largo del día, después de conocerse las amenazas del jefe de Gobierno a ABC por la publicación de una exclusiva de Javier Chicote que demuestra el escandaloso plagio en la tesis doctoral que Sánchez mantenía semiescondida en la Universidad. Las amenazas a ABC llegaron horas después de las amenazas del jefe de Gobierno a Ciudadanos en el hemiciclo. Como confirmaba Juan Carlos Girauta ayer, el jefe de Gobierno se dirigió a la bancada de Ciudadanos con la siniestra advertencia de «Os vais a enterar». Los esfuerzos del revanchismo socialista desde Zapatero por llevarnos a los españoles a la república, que nos llevó a un baño de sangre, dieron un paso estético importante, con esa amenaza de Sánchez desde la bancada del Gobierno a un grupo parlamentario que le contrariaba.
No se recuerdan amenazas en el Congreso salvo las de los guardias que lo asaltaron el 23-F. Hay que remontarse a aquella república que tanto idolatran los socialistas y comunistas de ahora para encontrar algo semejante a ese «os vais a enterar» del miércoles de Sánchez. Y son las amenazas del socialista Pablo Iglesias a Antonio Maura, en 1910, y de la comunista Pasionaria a José Calvo Sotelo, en 1936. Ambas amenazas se cumplieron. Maura fue gravemente herido en atentado semanas después de que el socialista le dijera que el PSOE «luchará en la legalidad mientras pueda y saldrá de ella cuando deba» y que «para evitar que Maura suba al poder debe llegarse hasta el atentado personal». La Pasionaria dijo de Calvo Sotelo tras un virulento enfrentamiento dialéctico en el Congreso: «Este hombre ha pronunciado su último discurso». Y lo fue. Desde entonces hemos estado sin amenazarnos los españoles en el Parlamento. Hasta que ha llegado esta nueva hornada de «socialistas podemizados» que son los hijos políticos del enterrador de la convivencia que fue Zapatero. Sin mayores diferencias ideológicas con los comunistas, como aquellas Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) que dirigió Santiago Carrillo, responsable él de muchos miles de muertes de españoles inocentes, niños incluidos. Y que tiene, por cierto, muchas calles en su honor y cuya tumba todos respetan.
Ya nos avisó hace meses el muy perspicaz Antonio Camuñas de que Pedro Sánchez no era solo un problema político con sus desprecios, sectarismos y malos modos. Que su manifiesta incapacidad para controlar las frustraciones, su forma crispada y hasta colérica de reaccionar ante las contrariedades lo convertían en un ser inquietante. Sin duda lo es. Con el poder que ha adquirido, de forma extraordinaria y debido al delirante estado de precariedad general de la política española que los anteriores gobernantes permitieron, este hombre inquietante es hoy un hombre peligroso. En las imágenes del hemiciclo el miércoles, cuando Sánchez responde a la pregunta trampa de Albert Rivera, se ve al presidente del Gobierno perder totalmente el control sobre sí mismo. La cara de odio cuando respondía con «ha convertido su pregunta en un lodazal…» es la imagen de la ira sin brida. Y la escena segundos después, cuando su rabia descontrolada le impide notar que se ha acabado su tiempo, que el micrófono esta apagado y que la presidenta, impresionada, le implora e insiste en que calle, es un momento parlamentario tan inolvidable como alarmante. El señor Sánchez descontrola en sus pasiones por sí mismo y no soporta que no compartamos, cuestionemos y ridiculicemos la enorme estima que él se tiene. Se sabe acorralado por la realidad: su Gobierno se descompone. El deterioro avanza por momentos. El presidente debería serenarse y convocar elecciones muy pronto. Antes de que tengamos alguna desgracia seria e irreparable.

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AUTO DE FE CONTRA ORBAN

Por HERMANN TERTSCH

ABC  Martes, 11.09.18

El húngaro es referente de la temida nueva derecha

HOY comienza en el Parlamento Europeo un espectáculo que revelará la inmensa hipocresía que se gasta en la Unión Europea. Hoy se prepara una especie de auto de fe socialdemócrata contra un país que se niega, con el apoyo rotundo y expreso de su población, a tragar ruedas de molino del acervo cultural izquierdista y neomarxista. Y que está decidido a defender su identidad y cohesión nacional. Porque hoy comienza un debate sobre un informe que pretende quitar el voto en el Consejo a Hungría por atentar supuestamente contra principios de la UE. Las acusaciones son ideológicas y jurídicamente vagas, preparadas por la izquierda del parlamento europeo en este acoso que es el intento de aplicar el artículo 7 del Tratado de la Unión porque no les gusta la política de Orban.
Enfrente tendrán a la bestia negra de la socialdemocracia de todos los colores que es el jefe de Gobierno de Hungría, Victor Orban. Que dirá que él cumple con sus obligaciones legales y por lo demás hace política para los húngaros y no a la extrema izquierda occidental. Rechazará la acusación tan manida de racismo. Contra los gitanos y, más ridícula, contra los judíos, que cada vez son más en Budapest, donde se mueven con sus signos externos como la kipá, lo que no pueden en Berlín o París, tomados por musulmanes. Dirá que Hungría no tiene ni quiere la «multiculturalidad» de dichos barrios franceses, británicos y alemanes. Ni aceptará oleadas de inmigrantes ni refugiados musulmanes para que dinamiten seguridad, democracia y libertades en barrios y ciudades. Hungría se niega a fomentar la homosexualidad y la transexualidad en los colegios y jardines de infancia. Y se niega y negará, y ahí les duele mucho, a aceptar que un multimillonario extranjero como George Soros, por mucho origen húngaro que tenga, dicte gracias a su dinero y a las miríadas de ONG y voluntades compradas imponga allí su doctrina mundialista y antinacional. Ese Soros, al que recibió Pedro Sánchez en Moncloa antes que a ningún mandatario democrático, financia ONGs para inundar Europa de africanos, fomentar el separatismo catalán, combatir a organizaciones cristianas e inocular neomarxismo en colegios y cultura. No solo en Hungría sino en todos los estados nacionales. La izquierda asustada por su declive y por el auge de la nueva derecha se abraza incomprensiblemente a Soros.
El auto de fe contra Orban es reflejo del pánico general ante el empuje de una nueva derecha en Europa, esa que llaman ultraderechista o populista. A Orban lo odia una izquierda que es sistemáticamente humillada en las elecciones húngaras. Y a Orban no saben si temerle u odiarle esos partidos que llevan muchas décadas recabando los votos de la derecha para hacer política intercambiable con la izquierda. Esos partidos son los que han impedido que existieran alternativas reales a la política sometida a la hegemonía cultural de la izquierda en el continente. Saben del atractivo de que goza Orban en muchos países europeos, precisamente porque hace política de derechas y no rehuye sino busca y gana una y otra vez la batalla ideológica contra la izquierda. Y saben muy bien que ese atractivo también se da en el seno de sus propios partidos. El Partido Popular Europeo no tenía ayer una posición tomada ante una eventual votación mañana en el parlamento. Puede que castiguen a Hungría sin voto y puede que echen a Fidesz del PPE. Lo que no podrán impedir es que el fracaso de la socialdemocracia de izquierda se convierta también en el fracaso de la socialdemocracia de derecha. Ni que los europeos conozcan y cada vez más de ellos prefieran una opción electoral como la del demonizado líder húngaro.

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AMNISTÍA SELECTIVA

Por HERMANN TERTSCH

ABC  Domingo, 09.09.18

Jamás he entendido ni aceptado la mínima broma con las víctimas reales de ninguna tragedia o dictadura

PARECERÍA que en la España de hoy son muchos millones que pueden mirar hacia atrás a la heroica juventud de militancia antifranquista propia o de sus padres. Es inmenso el enigma histórico de cómo sería capaz aquel general pequeñito, que dicen que era mal militar, tonto, inculto, torpe y poco viril, de capear tan cómodamente durante cuarenta años a todos esos antifranquistas de cuya existencia nos enteramos después de ganar Felipe las elecciones. Salieron de la profunda clandestinidad cuando comenzó a circular dinero para la farándula de la «cultura antifranquista», el mayor negocio jamás inventado en España. Un milagro español: millones en permanente insurgencia y Franco moría plácidamente en la cama.
Como no soy comunista no hago chistes de «judíos en ceniceros» ni de «fascistas empalados» o «periodistas nazis castrados». Jamás he entendido ni aceptado la mínima broma con las víctimas reales de ninguna tragedia o dictadura. Las de esta fueron muchas, demasiadas. Los fusilados inocentes, los perseguidos, los miles de presos y hombres buenos que murieron en la cárcel y los torturados. En la dictadura de Franco hubo represaliados inocentes y muchos perseguidos de forma injusta. A veces con una crueldad y saña solo explicable por la terrible carnicería que fue la Guerra Civil y el inmenso fracaso colectivo que llevó a ella.
Pero sí habría que tomarse como mala broma la infame hipocresía e infinita desvergüenza que desplieguen comunistas y exterroristas hoy en la España del revanchismo. El viernes heroicos antifranquistas acosaron a un policía jubilado, Antonio González Pacheco, conocido como «Billy el niño», al que acusan de ser el mayor torturador del planeta. Y al parecer el único. Todos los antifranquistas pretenden haber sido torturados por el mismo. Dicen que le quiten las medallas a este policía. Medallas que ganó no por torturar a nadie, sino por combatir a ETA, al Grapo y, sí, también al FRAP. Y por liberar a Oriol y Villaescusa y salvar vidas. Era el policía de una dictadura, sí. No sé si torturó y si lo hizo, lo condeno. Pero sí salvó vidas y si cometió el delito, no es mayor que el de asesinato de tantos hoy honrados en los medios y el mundo oficial. Hubo una amnistía para todos. Pues dirigía el escrache Pablo Mayoral, miembro del comando que mató a un policía de 23 años en calle Alenza de Madrid en 1975. Fue detenido, condenado a 30 años y amnistiado un año después. Invitado de honor en todas las televisiones es el abogado Gonzalo Boye, un chileno condenado a 14 años por su participación en el secuestro de Emiliano Revilla. Tener a un hombre 247 días en un agujero para robarle dinero debe de ser tortura. Luego estos no van contra la tortura. Quieren que la amnistía no valga para Billy el Niño, pero sí para Mayoral, al que quedarían 29 años por cumplir. El primero salvó vidas, el segundo ayudó a quitarlas. Por eso nadie defiende al primero y el segundo es ovacionado en los medios y por la izquierda.

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ENTREVISTA CON EL CANCILLER DE AUSTRIA Y FIGURA EMERGENTE DE LA DERECHA EUROPEA, SEBASTIAN KURZ

Por HERMANN TERTSCH

Enviado Especial a Viena
ABC  Domingo, 09.09.18

Sebastian Kurz | Canciller de Austria

«Debe quedar claro que las fronteras de Europa se cierran a la inmigración ilegal»

«Con esta inmigración ilegal es imposible mantener los servicios sociales europeos»

«La UE no crecerá con políticas fiscales irresponsables»

El joven político busca aprovechar la Presidencia de la UE para reforzar la seguridad, orden, legalidad y libertad

Rescatados «Hay que asistir a los salvados en alta mar y devolverlos al punto de origen o de partida de la navegación»

Estado del bienestar «Nuestro sistema de servicios sociales no puede mantenerse con esta dinámica de la inmigración ilegal»

Integración de extranjeros «Será extraordinariamente difícil (…) Tardaremos generaciones en gestionar este flujo incontrolado»

Relación con Putin «Vino a la boda de la ministra de Exteriores y tuvimos una conversación muy provechosa»


Sebastian Kurz es un joven político austriaco que sorprendió al mundo el pasado año con una operación política magistral que le catapultó a la cancillería de Austria con 31 años recién cumplidos. Consolidaba entonces su fama de extraordinario talento político que ya precedía esa gesta. Con 26 había sido nombrado, en la gran coalición de SPÖ y ÖVP, el ministro de Exteriores más joven del continente. Ahora con 32 es ya un líder de referencia en una derecha europea que pasa por momentos convulsos y busca nuevos espacios tras décadas de compartir casi todo con una socialdemocracia en profunda crisis. Lo que en Francia organizan en gran operación de Estado para la candidatura de Emmanuel Macron todos los poderes fácticos, con el presidente saliente François Hollande a la cabeza, en Austria se lo organiza este joven político a sí mismo. Logró imponer con su propuesta personalista en una «Lista Kurz» el liderazgo incontestado en el ÖVP, rompió con la inercia del consenso con los socialistas, se apropió de parte del discurso del derechista FPÖ y gobierna con este partido con tranquilidad, excelentes resultados económicos, apoyo popular y una oposición de izquierdas desaparecida.
Austria ocupa este semestre la Presidencia rotatoria de la UE. Kurz la utiliza para relanzar la idea de una Europa que atienda necesidades y demandas en seguridad, orden, legalidad y libertad. Algunos, dentro y fuera, lo caricaturizan como ultraderechista. Es más bien un demócrata que de momento al menos sabe defender con eficacia sus convicciones. Con suaves maneras, conceptos claros y ningún complejo para rechazar recetas que considera fracasadas, recibe a ABC en la cancillería del Ballhaus, donde el Congreso de Viena reordenaba Europa después de Napoleón, desde donde gobernó el canciller Metternich y en el despacho que ocupó trece años el legendario socialista Bruno Kreisky.

—Hace ahora un año, su partido estaba tan hundido como el socialista. Ambos muy lejos del derechista FPÖ. Pero el 15 de octubre usted ganó con una lista personal y llevó a su partido al poder con el FPÖ. ¿Cómo se le ocurrió esa operación? ¿Cómo se la aceptaron?
—Yo propuse esta candidatura al partido sobre bases muy claras. Dije que no asumiría objetivos que consideraba erróneos. Entre otros, esa agotada gran coalición. Y por otra parte abrí el ÖVP a amplios sectores de la sociedad para un movimiento amplio del partido, pero con personalidades de la sociedad civil, de todos los sectores, en un amplio movimiento con una oferta nueva.
—¿Una clara ruptura con la política socialdemócrata del Gobierno común, cuya máxima expresión es la Gran coalición?
—Más que Gobierno común, Gobierno de bloqueo mutuo. No juntos, sino enfrentados dentro del Gobierno, eso era la Gran Coalición. Unos gobiernan para neutralizar a los otros. Así no quedan energías para cambios ni coraje para asumir las reformas necesarias y se genera un conflicto permanente que paraliza el Gobierno. La población ya no quería que siguiera. Con mucha razón.
—Usted rompió esa lógica, asumió parte del mensaje del FPÖ, le quitó votos y después se alió con él.
—No solo le quitamos votos al FPÖ. Nos llegaron votos de todos los partidos políticos, de los verdes, de los socialdemócratas, de los nuevos partidos. De todos. Somos un movimiento muy amplio en el que todos pueden participar, pero que es muy claro en sus posiciones. Sus metas son generar seguridad, crear orden y estabilidad. Y bajar la presión fiscal en todos los sectores y ámbitos, garantizar un estado orientado a los servicios al ciudadano, comprometido con su defensa, mientras se avanza en el adelgazamiento consecuente de la Administración y se combate el abuso, entre ellos la burocracia.
—Son claros valores conservadores.
—Sin duda, son los valores tradicionales civiles.
—Que han estado ausentes en el pasado reciente del partido.
—Yo no generalizaría tanto. Sí creo que el problema en Austria era ya que no se sabía ni qué proyectos ni qué objetivos tenía el Gobierno. Nosotros sí proponemos objetivos muy claros con contenidos muy definidos. Hay gente que los rechaza. Pero afortunadamente hay mucha más gente que los apoya.

Sebastian Kurz, en un momento de la entrevista con Hermann Tertsch


—¿Como ve el tormentoso desarrollo de la vecina Alemania? Usted ha apoyado a Manfred Weber como presidente de la Comisión Europea y sustituto de Jean-Claude Juncker. Él es bávaro de la CSU, de un partido muy cercano al suyo. Más cercano a usted probablemente que Angela Merkel.
—Respecto a Manfred Weber, es un buen candidato. Como presidente de la Comisión ayudaría a cerrar las trincheras que se han abierto en Europa. Respecto a Alemania, me preocupan mucho sucesos como los de Chemnitz y creo poder decir aliviado que en Austria hoy no me imagino hechos semejantes.
Es evidente que en esta región los europeos han visto peligrar gravemente su seguridad. Primero fue la crisis de Ucrania, que trajo la guerra muy cerca de nuestras fronteras. En 2015 la riada de refugiados destruyó la percepción de orden y estabilidad. De hecho, se entregó la capacidad de decisión sobre quién entra y quién no en nuestros países a los traficantes de seres humanos. Y después los atentados del Estado Islámico llegaron al corazón de Europa y generaron gran alarma. Lo importante es que los políticos no oculten los problemas y afronten con determinación posibles soluciones. Lo malo es que, en cuestión de inmigración, algunos han estado demasiado tiempo mirando a otro lado sin asumir los problemas.

—¿Se refiere al célebre «Nosotros lo conseguimos» («Wir schaffen es») de Angela Merkel?
—Sí. Afortunadamente hemos logrado que en junio de 2018 se produjera un gran giro en las actitudes de los gobernantes respecto a la inmigración. Se ha producido un cambio general en las cabezas de los políticos. Ahora estamos dedicados a conseguir que ese giro pase de las cabezas de los políticos al suelo, a la aplicación práctica. Esto supone un reforzamiento de Frontex y del control de las fronteras exteriores, la lucha contra los traficantes y más ayuda en los países de origen en vez de ayudas sin fin en Europa.
—Hay problemas con las prácticas en esta lucha…
—En el Mediterráneo hay que impedir que los barcos salgan de sus puntos de origen. Hace falta reforzar la colaboración con los países de tránsito. En los casos en que no sea posible hay que implantar la práctica de que los salvados en alta mar sean asistidos y devueltos al punto de origen o de partida de la navegación. Tiene que quedar claro que las fronteras de Europa se cierran a la inmigración ilegal. Todos deben cooperar. La UE no tiene alternativa a acabar con el tráfico ilegal de inmigrantes.
—¿Y qué va a hacer con todas esas ONG que en parte viven y prosperan de ese tráfico, como los traficantes mismos?
—Cuando pedí reglas claras para las ONG en este ámbito se me reprochó y atacó masivamente. Hoy aquella posición mía es ya consenso europeo. Tienen que aplicarse reglas claras para impedir que las buenas intenciones de ciertas ONG deriven en una colaboración con esas mafias de traficantes que solo tienen desprecio hacia el ser humano.
—¿Y la integración?
—Soy de los que nunca han engañado al respecto. Eso que la pequeña Austria ha acogido a 160.000 solicitantes de asilo en tres años y tiene el índice más alto de concesión de asilo. Pero siempre he dicho que la integración de estas oleadas va a ser extraordinariamente difícil. Porque son gentes que vienen de entornos culturales radicalmente diferentes a los nuestros y porque su formación por norma es muy mala. Nosotros ya hemos comprobado que hasta en una economía tan dinámica como la nuestra, con un crecimiento del 3,2 y un desempleo muy bajo y a la baja, resulta extremadamente difícil introducir a estos inmigrantes en el mercado laboral. Por otro lado, este flujo incontrolado también ha generado mucha inseguridad. Tardaremos generaciones en gestionarlo.
—¿Y el abuso del sistema de bienestar y el consiguiente efecto llamada?
 —No es ya el abuso, es el mero beneficio del sistema de un estado social de bienestar que tenemos en Europa concebido para que se beneficien de él quienes lo financian. Un estado con un sistema de servicios sociales como el nuestro no puede mantenerse con esta dinámica de la inmigración ilegal. Es imposible.
—¿Qué le parecen las descalificaciones a opiniones divergentes en Europa? Países como Hungría o Polonia son los señalados ahora. Pero Austria tiene experiencia. Una coalición parecida a la suya dio pie hasta a sanciones en el año 2000.
—Aquello fue una lección para muchos. Las sanciones contra Austria fueron una equivocación y hoy se reconoce. Por eso hay más respeto a la expresión de la voluntad nacional. Si hay en algún país una iniciativa de algún tipo contra el Estado de Derecho, entonces hay que tomar medidas para corregirlo. Pero la base de nuestras relaciones está en el respeto a la voluntad nacional de cada estado miembro.
—Usted es de los pocos gobernantes europeos que no ataca o insulta a Trump, que no descalifica a Orban. Y que se lleva bien con Poroshenko y Putin. Hace unos días su ministra de Exteriores se casó con Putin como invitado y fue muy criticada.
—No tengo costumbre de criticar a otros gobernantes. Creo que tiene más sentido ilusionar por un proyecto propio que perfilarse en el conflicto con otros. Putin vino a la boda porque le invitaron los novios. Eso sí, yo aproveché para una larga conversación muy provechosa con él. Y Poroshenko sabe de nuestro compromiso con Ucrania y el acuerdo de Minsk, por eso aplicamos las sanciones.

MENSAJE A PEDRO SÁNCHEZ

«No hay desarrollo con política presupuestaria irresponsable»

—Canciller Kurz, ¿qué tal se gobierna aliado con un partido que muchos llaman hasta nazi?
—Lo cierto es que la cooperación en nuestra coalición funciona muy bien. Dirijo un gobierno basado en un programa común que se respeta y avanza bien. Y con el apoyo de la población, según las encuestas. Somos un gobierno proeuropeo que intenta poner de nuevo a Austria a la cabeza de la UE. Tenemos un crecimiento mayor que la mayoría, un bajo desempleo en permanente caída, estamos bajando impuestos a familia y empresa, adelgazando el Estado y con una política que ya reduce la inmigración.
—Ha visto usted a Pablo Casado en la reunión del Grupo Popular Europeo y el día 12 verá al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. ¿Sabe usted que la política del Gobierno de España va en dirección contraria a la que acaba de describir?
—He tenido una buena conversación con Pablo Casado sobre Europa y sobre medidas de competitividad, digitalización, investigación e innovación. Y me alegra poder ver al presidente Pedro Sánchez en Madrid la semana próxima. Hablaremos de los grandes retos europeos. De inmigración y de desarrollo. Todos debemos entender que Europa necesita ser competitiva para defender su nivel de bienestar. De cara a las elecciones europeas es muy importante que se consiga transmitir a los europeos que este desarrollo común no puede hacerse sobre las espaldas del contribuyente o con una política presupuestaria irresponsable de los estados miembros.

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GUERRA EN LA DERECHA EUROPEA

Por HERMANN TERTSCH

ABC  Sábado, 08.09.18

Macron tiene tanto miedo a que el PPE se pase al bando de Orban que prefiere su voladura

La socialdemocracia europea de derechas, de izquierdas y de extremo centro ha entrado en pánico absoluto ante la reacción de cada vez mayores sectores de la población europea en contra de su política de inmigración. Esta reacción ya ha impulsado un giro general de la política europea hacia la derecha que causa alarma en Berlín y París. Por eso, descontado el apoyo de la poca izquierda que gobierna en Europa, salvo la anomalía de España y poco más, han sido Angela Merkel y Emmanuel Macron, los dos grandes socialdemócratas que gobiernan con el voto conservador y centrista, los que se reunieron ayer en Marsella para intentar evitar nuevas catástrofes electorales ante la derecha emergente. Hace un año Merkel sufría un desastre con la irrupción del derechista Alternativa por Alemania (AfD) en el Bundestag con 94 diputados. Aunque Merkel formó gobierno con un SPD agónico y practica un acoso constante a la derecha que tacha de «nazi», el AfD sube imparable en todas las encuestas.
Ahora Merkel y Macron temen que, ante la precampaña de las elecciones europeas en 2019, el PPE asuma unas tesis de firmeza contra la inmigración que supondrían el rechazo expreso a la política de ambos. Macron tiene tanto miedo a que el PPE se pase en masa a posiciones cercanas al líder húngaro Viktor Orban, de la CSU bávara o del canciller austriaco Sebastian Kurz, que busca la voladura del grupo popular europeo. De ahí que se sume a los intentos de expulsar al húngaro. «No se puede estar al mismo tiempo con Merkel y con Orban» sentenció hace días. Busca refundar una especie de grupo europeo que obedezca a sus tesis centristas, es decir encadenar con Merkel al PPE a la política socialdemócrata. Quiere echar a un Orban que ha entendido que la guerra está abierta. En una cita con Matteo Salvini dijo que su enemigo máximo es Macron. La expulsión del partido Fidesz podría empezar a tramitarse el martes próximo. Ha comenzado ya la batalla ideológica entre esa nueva derecha que sus enemigos llaman ultraderechista y ese centrismo socialdemócrata que sus enemigos llaman la nueva izquierda.

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APOLOGÍA DE LA TRAICIÓN

Por HERMANN TERTSCH

ABC  Viernes, 07.09.18

El aplauso de la prensa al sabotaje en la Casa Blanca es un regalo para Trump

EL diario New York Times puede haber llegado al punto de no retorno en la caída libre de su calidad intelectual y moral. La publicación de un artículo anónimo de alguien que dice pertenecer a un grupo de «resistencia» dentro de la Casa Blanca dedicado a sabotear la política del presidente de EE.UU., no es solo un acto de apología de la traición. Es una vileza que deshonra a todos los implicados. Dicen que Trump amenaza a la democracia pero quienes violan las reglas son siempre sus enemigos. El saboteador dice que él y sus cómplices lo hacen por el bien de la patria para evitar los efectos de la política de un gobernante que consideran perverso, incapaz y demente. Nunca ningún golpista ni traidor ha explicado sus actos de otra forma. Y mucha prensa mundial celebra que haya, según esta garganta profunda, células de resistencia y sabotaje contra el presidente y su política en la Administración del Estado. Que se dedican a dañarle a él y a impedir que se apliquen la política y las medidas que el presidente Donald Trump ordena.
Hace mucho que la prensa occidental entró en una deriva de irresponsabilidad delirante en su odio incontrolado a Trump. Días después de las elecciones la prensa celebraba las manifestaciones violentas en EE.UU. de izquierdistas que se negaban a aceptar el veredicto de las urnas. No solo esos siguen sin aceptarlo. Su desprecio a Trump como candidato y a sus seguidores, esa gentuza, esos «deplorables» de que hablaba Hillary Clinton, fue la clave de su derrota. Pero también el origen de la mayor, más brutal y más falsaria campaña contra un gobernante legítimo que se recuerda. Ahora se ve que hasta con sabotajes. En venganza por el fracaso histórico de aquella derrota humillante para todos los que apoyaron a la que perdió por su arrogancia infinita, su soberbia, sus enfermedades, sus mentiras, su corrupción y escándalos.
Ganó el otro. El malo. Desde entonces se busca delito que colocarle. No han dejado de fabular y buscar. De Rusia van a las putas. De las putas a los negocios. Y de allí vuelta a Rusia. Nada. Y la prensa internacional con docilidad vergonzosa y celo miserable sigue tras a los voceros de los perdedores, NYT y Washington Post. Y patéticos personajillos de la CNN, como Wolf Blitzer y Anderson Cooper, que siguen como aquella madrugada electoral en busca de un condado de Florida que cambiara su suerte, cuando ella ya llevaba horas borracha, incapaz de salir a reconocer su derrota. Aquel colosal escenario de triunfo para la primera mujer presidente quedaba en desangelado hangar en el que todos lloraban por las esquinas y se anunciaba que Hilaria no estaba en condiciones. Esa es la que iba a ser comandante en jefe. No habían contado con la «gentuza deplorable» que desprecian los intelectuales de allí y de aquí. Y votó el pueblo, los que mueren en las guerras y los que trabajan en la paz y no están afectados ni infectados por las pestes de los marcuse y chomskys frankfurtianos en las universidades, los que no tienen más ideología que las tradiciones, la lealtad y el sentido común. Esos, aliados con muchos otros ya hartos de la mentira, decidieron que esa mujercita codiciosa e hipócrita no iba a mandar. Ahora resulta que las elites y los funcionarios salidos de estas universidades con adoctrinamiento neomarxista le sabotean. Él lo sabía y lo dijo. Lo tacharon de conspiranoico. Pues ahí lo tienen. Los traidores son ahora los héroes del New York Times. Dense prisa en sabotearle mucho. Porque nada desprecian los honrados y patriotas «deplorables» como la traición. Muchos que podían tener alguna duda dejaron ayer de tenerlas.

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