NADIE GANA

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Sábado, 10.06.17

Pese al enorme batacazo, nadie puede ganar con ese «hung parliament» sino Theresa May

Las lecciones más palmarias de las elecciones británicas son varias. Primera: no crea el gobernante que un rival incompetente le otorga ninguna garantía de éxito electoral. Segunda: no se crea menos incompetente que el rival en convencer a un electorado enfadado y voluble que vota por consideraciones ajenas a la competencia de gobierno. Tercera: no sufra por su revés y aguante toda posición defendible. Los éxitos del rival pueden ser más efímeros que los propios.
Theresa May creyó que contra Jeremy Corbyn, una especie de trotskista filochavista, sesentayochista trasnochado y fracasado, se garantizaba la gloria de una Margaret Thatcher frente a Michael Foot. Pero resulta que los tiempos han cambiado una barbaridad. Resulta que unos jóvenes defensores del capitalismo, movidos por pura venganza europeísta contra el Brexit y los tories, han votado a un Corbyn pese a parecerles un marciano soviético. Resulta que mucho votante conservador se ha sentido utilizado por una innecesaria convocatoria de elecciones para gloria de May. Resulta que el terrorismo puede hoy hacer descarrilar todo proyecto. Y resulta que May fue tan mala candidata como estratega.
Pero lo dicho: si no gana nadie, gana el que aguanta. Y pese al enorme batacazo, nadie puede gobernar con ese «hung parliament» sino ella. Al menos de momento. Corbyn tiene más escaños que antes, cierto, pero de nada le sirven. May sigue. Los Conservadores, a ocho escaños de la mayoría absoluta, son los únicos que pueden gobernar sin nuevas elecciones, y lo harán con el apoyo de los 10 escaños del Partido Unionista de Irlanda del Norte (DUP). Para afrontar las negociaciones del Brexit que May pretende comenzar de inmediato.

Los tories fortalecerán su sector derechista con el DUP y un favor añadido en el desastre del nacionalismo escocés que pierde dos quintos de sus escaños y ha de enterrar planes secesionistas. Nadie excluya que se acabe yendo a elecciones. Pero tampoco que del desastre surja una carambola virtuosa. En el Reino Unido como en la Unión Europa puede pasar hoy de todo. Hasta cosas buenas.
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FRENTE AL ODIO DESBOCADO

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Viernes, 09.06.17

Al margen de la fobia a las tildes y al decoro, el líder de los comunistas de Podemos sugiere que el rico es un terrorista

EL odio triunfa entre nosotros. En los últimos días, algunos ya ni se darán cuenta de estas cosas, acostumbrados los oídos ya a todo, hemos subido varios grados en nuestra tremenda escalada retórica del odio en España. Cierto que viene de lejos. Comenzó hace ya tres lustros cuando arribó un líder socialista que inmediatamente identificó y comenzó a tratar al adversario político como al enemigo en una guerra. En una contienda que no daba por concluida y en la que para él aún no se había dicho la última palabra. En esta semana hemos llegado muy lejos. Hemos escuchado a médicos despreciar instrumentos para salvar vidas por el hecho de ser financiados por un empresario al que consideran su enemigo. Se han repetido por los medios de toda España afirmaciones de profesionales sanitarios que descalifican los sofisticados aparatos de exploración y prevención del cáncer que ha donado Amancio Ortega. Han llegado a decir que esos aparatos causan más cáncer del que evitan. Aparatos de alta tecnología utilizados en todos los mejores hospitales del mundo y envidiados por todos los que carecen de ellos son vetados por asociaciones tan defensoras de la sanidad pública que desprecian la suerte de las personas enfermas. Quienes ponen así en peligro la vida de otros tienen ya odio suficiente para matar ellas mismas.
Son las asociaciones que han secuestrado ideológicamente gran parte de la administración, cuadros de agitación comunista con la marca de Podemos. Se dicen defensores de intereses generales pero tienen una agenda política para la coacción y manipulación de las conductas sociales. Su asalto a la verdad para modificarla y construir una nueva paralela ha llegado a las cotas más osadas en esta escalada de odio en España. Esto sí es postverdad que propone cualquier delirio frente a la verdad a anular. Han llegado a decir que se regalan diabólicos aparatos que no curan sino generan la enfermedad. Dicho por trabajadores de la sanidad. ¿Cómo es posible? Por odio. Circula estos días un tuit viejo de Pablo Iglesias que dice textualmente: «25% de paro y Amancio Ortega tercero en el ranking mundial de ricos. Democracia ¿Donde? Terrorista ¿Quien?».

Al margen de la fobia a las tildes y al decoro, el líder de los comunistas de Podemos sugiere que el rico es un terrorista. Hay miles de tuits de sus secuaces en este sentido. Incluso en España, donde el mérito es siempre culpable, resulta esperpéntico que la generosidad de un compatriota ejemplar en todo el mundo por su trabajo, talento, devoción e inteligencia, provoque esas cataratas de odio. Doblemente obsceno cuando el desprecio y el insulto proceden de un líder político cuya biografía y trayectoria es un canto al parasitismo, al resentimiento, a la violencia y, por supuesto al odio. Decía Soljenitsin que un comunista no puede ser inteligente y buena persona. Pablo Iglesias lo es menos de lo que cree, pero más que la mayoría de sus votantes. De ahí que la cuestión política sea saber si tiene fondo el abismo de vileza en que ese odio ideológico hunde a sectores de la población. Y si, movidos por ese odio, asumirán la muerte de compatriotas no solo de forma pasiva con el rechazo a los aparatos médicos, sino más allá, tal como hacen sus camaradas a diario en Venezuela, por ejemplo. Un acto de valentía y generosidad extraordinario como la gesta de Ignacio Echeverría en Londres frente al odio islamista y el descubrimiento con él de toda una familia que ha conmovido a España por su inmensa y profunda calidad humana, debe reforzar nuestra conciencia y voluntad de tomar partido. Asumir los ejemplos y para emularlos, saber que hay que hacerles frente, blandiendo ante la maldad nuestro patinete o lo que tengamos.
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LA SALVADORA DEL MUNDO

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Martes, 06.06.17

Merkel es la emperatriz de una Europa que se inunda por todas las esquinas, pero en la que nada se hace contra su voluntad

CONMUEVE ver cómo se opina de un tiempo a esta parte de la canciller alemana Angela Merkel en España. Nuestros periodistas se han convertido en masa en entusiastas apologistas de la canciller alemana que en todos los medios es elogiada como sensible, generosa, compasiva, femenina, tolerante, estadista con visión de futuro y hasta mujer simpática. Tiene gracia para quien tenga un poco de memoria. Porque lo dicen los mismos medios y periodistas que, desde que llegó al poder, en la crisis de Grecia, del euro y de la política de austeridad, desde 2005 a 2015, la tachaban de cruel, inhumana, implacable, zafia, corta, miserable y mezquina, egoísta y rapaz, carente de glamour, malhumorada protestante y, faltaría más, nazi, vigilante de campo de concentración o la misma reencarnación de Hitler, Himmler, Goebbels o Göring. La vilipendiada Merkel, la que tenía bigote de alférez austriaco para todos los graciosos de izquierdas, ahora es la defensora de la multiculturalidad, el símbolo del «Refugees Welcome», la líder heroica del frente contra Trump y la dama del ecologismo y el pacifismo. Merkel es la Madre Bondad o el mito del Bien.
Los insultos, desprecios y condenas se los granjeó Merkel porque demandaba racionalidad y rigor en las cuentas y en la política económica y monetaria en la Unión Europea. Todos los piropos los recibe ahora por haber renunciado a esa racionalidad y abanderar aparataje y mensaje del sentimentalismo buenista. Todo el terreno de la llamada moderación es ya una finca moral de Merkel. Pareció flojear cuando hizo tambalearse el sistema de servicios y el orden público en Alemania en 2016 ante la avalancha de inmigración ilegal permitida. Hoy la finca parece controlada. Nada ni nadie puede cuestionar el dictado de la bondad socialdemócrata sin que le tachen de nazi, le cierren el facebook y le condenen a la muerte civil. El enemigo del nuevo imperio moral alemán es «el populismo», todo lo que moleste a Merkel, desde Trump a quien quiera espacio a su derecha. La izquierda no tiene opción. Así, Merkel es la emperatriz de una Europa que se inunda por todas las esquinas, pero en la que nada se hace contra su voluntad. El giro de la opinión sobre Merkel en España es lógico, dominada como está la comunicación por un izquierdismo que comparte el sentimentalismo de Merkel. Peligrosos son los efectos en la propia Alemania y su daño brutal a pluralismo y debate en Europa. Ella es la líder populista más poderosa desde 1945 en un país que se moviliza como el enemigo número 1 de Donald Trump, es decir como punta de lanza pacifista, ecologista, animalista, multiculturalista, y feminista. Una Alemania decidida a salvar al mundo de Trump, ahora que el antiamericanismo se disfraza de antifascismo.

Un actor y tonto contemporáneo llamado Richard Gere declaraba hace poco que «Alemania es el país más progresista, moral y sabio de este planeta». Lo malo es que los alemanes se lo vuelven a creer. Y retornen al lema que es origen de sus grandes males y que dice «Am deutschen Wesen soll die Welt genesen» (El mundo ha de curarse con la esencia alemana). La gran ofensiva político sentimental para imponer en Europa una profunda transformación social, cultural y étnica es la única vía en que tiene el malogrado sistema socialdemócrata de sobrevivir a su crisis total. Merkel es su caudillo y profeta. Querrá aplastar toda resistencia en Alemania como en la UE. En los medios de comunicación alemanes la homogeneidad ya asusta. La gran batalla ha comenzado. Cierto es que la realidad amenaza abiertamente al imperio socialdemócrata del Bien. Pero el mito, hoy por hoy, lo controlan las legiones alemanas y europeas, moralizantes y tramposas, de Frau Merkel.
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EL VILLANO Y EL OSCAR

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Sábado, 03.06.17

Que Trump cumpla su promesa electoral no daña al medio ambiente por ahora, aunque sí refuerza su reputación de supervillano cósmico

Aunque muchos titulares mediáticos lo anunciaran, ni ha ardido ni ha estallado ni se ha descompuesto el planeta Tierra en las horas después de que Trump anunciara que, pese a las masivas presiones en contra de todo el mundo, incluida su familia, cumple con una de sus grandes promesas electorales que es la de sacar a EE.UU. del Acuerdo de París de Cambio Climático. Políticos y famosos, dentro y fuera de EE.UU., condenan implacables y apocalípticos la decisión. Todos anuncian solemnemente que continuarán su lucha «para salvar al planeta y luchar por las generaciones venideras». Nadie ha explicado qué significa. Los hay que sí saben que Trump no incumple más que meras recomendaciones, porque Obama se cuidó mucho de imponer límites a las emisiones por ley. Una vez más, lo de Obama se revela como humo de palabrería para combatir el humo. Postureo, esa especialidad del presidente golfista.

Que Trump haya cumplido esta promesa electoral no daña en nada al medio ambiente de momento. Aunque sí refuerza su reputación como el supervillano cósmico entre quienes no le votaron por ser extranjeros o por ser sus enemigos. Ya es el más odiado en el globo porque dicen las televisiones que suya es toda la culpa de que los chinos quemen lo que queman, los indios hagan lo que hacen, los españoles subvencionen un carbón de mierda para que la mafia sindical minera no se alborote y todos los fabricantes europeos de coches estafen a sus clientes con las emisiones. Todo era perfecto desde que se aceptó en un París que vale una misa la verdad revelada de que las buenas intenciones en las sociedades abiertas, las únicas fiscalizadas por organizaciones ideologizadas y hostiles a su desarrollo, solucionarían todos los problemas mundiales de medio ambiente. Algunos sacan rendimiento siempre de la catástrofe, aunque esta sea falsa. Al Gore vuelve a tener suerte. Ya es multimillonario gracias al calentamiento global. Ahora saca película sobre este tinglado y por supuesto, con el villano de moda, le darán el Oscar.
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REBAJEN UN POCO EL APOCALIPSIS

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Viernes, 02.06.17

EE.UU. seguirá protegiendo su medio ambiente mucho más que la mayoría

DAN ganas de recurrir a todo el «pathos» del alma para una condena en los términos más dramáticos, hasta apocalípticos, de la decisión de Donald Trump de retirar a EE.UU. del Acuerdo de París de Cambio Climático. Nadie la echará de menos, con todo el mundo dedicado a calificar al presidente norteamericano como el demonio, el monstruo peor que Hitler y Stalin, el ser más vil de todos los tiempos. Dicen algunos que esto es la prueba de que Trump quiere destruir el mundo. Y es que este hombre no quiere ni a sus hijos y nietos. ¿Que le habría costado haberse quedado dentro de un acuerdo que tan poco molesta? Y que otorga grandes dosis de buena conciencia en las plantas nobles de la gran corporación del club de estadistas ilustrados, democráticos o no, que tienen acuerdos amplios en cuestiones no vitales. Así la globalización pueda mostrar una cara amable a quienes por lo demás creen solo sufrirla. Habría sido más cómodo para Trump quedarse en el club. Habría evitado otro tsunami de odio y vilipendios. Habrían dicho que el viejo loco no se atrevió al final a romper el acuerdo. Y es que es el acuerdo del Sagrado Consenso de esa Nueva Religión del Cambio Climático. Religión cuyo sumo sacerdote fue Al Gore, el caradura de vicepresidente de Bill Clinton que no servía para nada, pero acabó haciendo una fortuna astronómica de misionero del miedo por el mundo.
Si Trump dice que se queda en el Acuerdo de París todos habrían sonreído y dicho que tiene miedo a su destitución. Al «impeachment» esa obsesión patológica ya de toda la izquierda norteamericana, enferma de humillación y frustración por haber perdido las elecciones. Y por haberlas perdido ante el hombre para el que se le han agotado calificativos denigrantes e injurias. Al que votantes del Partido Demócrata proclaman querer estrangular o desollar. En mensajes como tuits de los peores comunistas podemitas españoles con entonaciones placenteras con el asesinato y la tortura de adversarios políticos. Si es un horror en este lumpen amoral de la extrema izquierda española, es escalofriante en mensajes de norteamericanos urbanos e ilustrados. El odio a Trump tiene calidad especial que se estudiará en el futuro.

Pues Trump se va del Acuerdo de París. Sigue desmantelando todo lo hecho por su antecesor. No podrá enmendarlo todo de esos ocho años nefastos por mucho que Obama los disfrazara con sonrisas y retórica piadosa. A nadie le pegó nunca mejor ese dicho de «Ni una mala palabra, ni una buena acción». Nadie pretende que Trump sea justo lo contrario. Pero en esta cuestión sí hay mucha más gente de la que se atreve a decirlo, que ese Acuerdo de París es un mero andamiaje ideológico. Malos son por principio los consensos obligatorios para defender una nueva verdad absoluta y revelada. Que por supuesto no es tal, pero como tal es tratada. Y así permite reprimir, descalificar, marginar y perseguir a todo el que discrepe. La aceptación del principio de la verdad absoluta del cambio climático como base de propuestas ideológicas es un peligro y un triunfo de sus defensores más radicales. Son nefastas para la libertad y para el principio del debate permanente. Y la salida del Acuerdo de París no cambia nada. Los demás países no protegerán menos su medio ambiente. EE.UU. tampoco. Los líderes habituales no se habrían salido porque para nada le molesta seguir dentro. Tampoco los países de la OTAN pagan sus cuotas y a nadie se le ocurre irse. Pero Trump da otro paso ahí de guerra al consenso de la corrección política ideológica que muchos no pueden evitar ver y saludar como un golpe liberador. O sea que menos Apocalipsis.
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UNA PATADA AL MAPA

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Martes, 30.05.17

El mundo ha mejorado con el viaje de Trump

EL domingo la canciller Angela Merkel habló en una fiesta cervecera en un pueblito bávaro. Y entre muchas cosas que se dicen en precampaña electoral, dijo algo que ha conmocionado al mundo y que muchos ya ven como el mensaje de un cambio de era. «Los tiempos en los que podíamos confiar plenamente en otros, pronto estarán lejos y por eso solo puedo decir que nosotros europeos tenemos que coger realmente nuestro destino en nuestra propias manos». Esto lo decía Merkel después de días de desesperante negociación con Donald Trump en Bruselas con la OTAN y en Taormina en Sicilia en la cumbre del G7. Merkel, el líder más veterano del mundo occidental, tenía que convencer al presidente Trump de que debía adecuarse a las formas habituales y aceptar como recién llegado la opinión común. La canciller fracasó estrepitosamente. Y lo acusó. El rubio nunca será diplomático ni político. Se mueve sin control exterior. De repente hay movimiento en todo, virulentas pasiones en contra y a favor, pero también esperanza. Aunque las cataratas de odio mediático a veces no dejen ver ni oír. Trump es el menos dogmático de los gobernantes occidentales. En cuestión de proteccionismo demostró que sabe cambiar de opinión. Pero en materia de inmigración o cambio climático se vio que se niega a consensos porque sí. Y menos por imposición de corrección política y convencionalismos progresistas. Trump no acarició los oídos de los aliados con pensamientos filosóficos. Eso lo hacía Barack Obama para después ignorar obscenamente los intereses europeos. Como con su traición en la crisis siria con sus dramáticos efectos del fortalecimiento de Rusia, la invasión de Ucrania y anexión de Crimea. Nadie ha ayudado tanto a Vladimir Putin como Obama. De ahí el sarcasmo de la obsesión del periodismo de presentar a Trump como un agente de Rusia. Exigió a los socios que asuman el gasto para que la OTAN pueda operar sin depender siempre de forma absoluta de la participación norteamericana. Parece razonable. Él representa a una sociedad americana que paga indirectamente la petulante presunción de los políticos europeos de gastar poco en seguridad y ejército y mucho en protección social. «Lo militar que pague el yanqui». Pues ya no. Se ha hablado claro y se ha entendido. Merkel desde luego. Trump hace así más por la defensa común de Europa que todos los líderes europeos en tres décadas. Aunque sea con mayor hegemonía alemana.

Ha habido más cambios de profundidad. En Oriente Medio pone fin al disparatado desprecio de Obama al mundo sunita. Efecto añadido al coste del peligroso acuerdo con Irán que, como los regalos a la dictadura de Cuba, fueron parte de la insensata operación de prestigio de un Obama que buscaba un legado para ser recordado por algo más que el enfrentamiento racial e intercultural y la polarización política. No ha decepcionado ni a amigos ni a enemigos Donald Trump con su primer viaje al extranjero. Ha pegado una patada al mapa, ha levantado pasiones y ha cambiado drásticamente la realidad en sus escalas. Salvo en el Vaticano quizás, donde el desinterés mutuo hizo prevalecer la cortesía, el mundo ha cambiado mucho en estos cinco saltos de Trump por Oriente Medio y Europa. Más allá de la histeria mediática y política interesada de quienes buscan derribar al presidente o hacer política populista –europea, alemana– con Trump como enemigo favorito, hay más claridad hoy en el mundo que hace veinte días cuando Trump se fue a imponer estilo en su primer viaje fuera de casa.
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A MUERTE Y SIN TREGUA

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Sábado, 27.05.17

Hay una cooperación muy, muy intensa entre enemigos de Trump en los medios y funcionarios de oficinas federales

Nadie sabe hasta dónde llegará la guerra sucia entre los medios de militancia demócrata y el presidente Donald Trump. Claro está que no le faltarán frentes para este conflicto en el que se puede descartar la tregua. El periodismo «progresista» norteamericano ha asumido como misión histórica, más allá de todo deber profesional, criterio moral o código deontológico, la destrucción de este presidente. Al que considera un peligro y un enemigo. También está el elemento de la venganza por la humillación que fue la elección de Trump para todos ellos. Desde un principio se ha visto en esta guerra un elemento muy preocupante que es la intensa cooperación entre enemigos de Trump en los medios y funcionarios en oficinas federales en Washington. Así, las filtraciones con objeto de dañar al presidente han alcanzado estos meses una intensidad tan obscena que recuerda a la España de los sumarios secretos. También la filtración de la información secreta británica sobre el atentado tenía por objeto perjudicar a la Casa Blanca. Es fácil atribuirla después a la incontinencia verbal o a la inexperiencia del presidente. Ahora, según supuestas filtraciones de «fuentes desconocidas», el FBI investiga al yerno de Trump, Jared Kushner, por supuestos contactos con Rusia. Toda lo que se sabe está en esta última frase. Pero con eso basta para que los medios bombardeen al público con «las conexiones rusas de Kushner» de una investigación que nadie confirma, cuyas fuentes son ignotas y de las que nadie sabe nada.

El frente que siembra verdades, medias verdades y mentiras se nutre de quienes traicionan su juramento y deber en la administración por odio a Trump. Se verá si Kushner u otros tienen relación especial con Rusia. A no ser que se demuestre que Trump es un agente ruso o encubre a una red de agentes de Putin, no van a acabar así con su presidencia. Pero mientras, en su obsesión de acabar con su enemigo mortal, los medios y los funcionarios generan inmensas cantidades de humo que hacen casi heroico gobernar con éxito.
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