OTRA VEZ UN SULTÁN DE PESADILLA

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Martes, 21.03.17

Erdogan está lanzado a convertirse en una amenaza

ES muy lógico que la canciller alemana Angela Merkel esté harta de que el presidente turco Recep Tayyip Erdogan llame nazi a Alemania un día sí y otro también y los ministros desde Ankara compitan en difamaciones al Gobierno alemán con evocaciones del nazismo. Cierto que también debiera recordar a las autoridades alemanas que ellos tampoco deberían llamar nazis a los que critican o condenan su política de inmigración que tantas tragedias, angustia y dificultades genera. Y que tanto ha debilitado su posición, precisamente frente a Turquía. En una escalada delirante Erdogan llegó el domingo a acusar personalmente a Merkel de «utilizar métodos nazis». La canciller respondió ayer que si no pone fin a estas ofensas tendrán una respuesta seria de Alemania. Esta podría ser un veto a toda actividad política turca en su territorio. Incluidos los mítines y la propia votación del referéndum que pretende hacer Erdogan para aprobar su constitución presidencialista, personalista y erdoganista. Para gobernar como un sultán del siglo XVII y aplastar a todo aquel que cuestione sus formas y contenidos. Esta actividad en tierra alemana es ya en sí muy cuestionable porque propugna fines opuestos a la Constitución alemana. El veto provocaría un conflicto de alto voltaje con serias derivadas en el orden público y la seguridad en territorio alemán. Las actividades políticas turcas en Alemania siempre levantaron suspicacias y temores por su componente de guerra sucia contra disidentes, opositores y demócratas en general. Desde la época de los generales y al margen de las muchas veces cálidas relaciones entre ambos gobiernos. Pero el deterioro de las relaciones ha adquirido una nueva calidad alarmante. Muchos creen la canciller infravaloró el peligro y no lo afrontó como debía en un principio. Nadie puede excluir una coordinación con Vladimir Putin. Erdogan puede extorsionar a Merkel con facilidad desde que se firmó el acuerdo por el que Turquía cortaba el flujo de refugiados hacia los Balcanes y Alemania. La reapertura del chorro migratorio sería un grave problema para Europa pero para Merkel sería con gran probabilidad el final político.
La canciller y su equipo han estado en pasados meses quizás más dedicados a cuestionar al nuevo presidente norteamericano que a frenar a un presidente turco desatado. Ahora ya amenaza con usar la inmigración turca para desestabilizar los regímenes democráticos que los acogen. Aunque Erdogan se refería a Holanda al decir que él dispone –con 400.000– de una fuerza diez veces superior al ejército holandés, esta amenaza de blandir a los inmigrantes como su arma y quinta columna es una señal de alarma que pocos esperaban tan clara y retadora. En Alemania son cerca de cuatro millones los turcos.

Erdogan pretende utilizar a su emigración como fuerzas a sus órdenes en países a cuyos gobiernos pretenda presionar por un motivo u otro. Las últimas manifestaciones violentas bajo banderas turcas en Alemania y Holanda han sido directamente orquestadas por Ankara. Son el comienzo de un pulso a los gobiernos europeos que niegan aun a Erdogan una especie de soberanía compartida de acuerdo con la fuerza de su comunidad turca. Que muchos emigrantes turcos no estén de acuerdo con su presidente no impide que este se arrogue el caudillaje de todos ellos. Enarbolando el estandarte de la lucha contra la «islamofobia europea», Erdogan pretende además erigirse en adalid del sunismo en Europa occidental, cada vez más fuerte, más numeroso y más agresivo. Y movilizar el apoyo en Turquía contra el enemigo en Occidente y la liquidación de toda discrepancia en el interior. Nadie espere ni un escrúpulo. Erdogan está lanzado a convertirse en una pesadilla. Ya lo es para muchos turcos. Pronto puede volver a serlo para toda Europa como un nuevo sultán otomano resurgido del siglo XVII.
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RUTTE TENDRÁ MUY ESCASO MARGEN PARA GOBERNAR HOLANDA

Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a La Haya
ABC  Sábado, 18.03.17

Un gobierno frágil Rutte no ha salvado a Holanda ni a Europa de nada. No se habría logrado otro resultado que el que habrá: un gobierno frágil

Con independencia del resultado, el eurófobo Wilders sería condenado al aislamiento

Pasados felicitaciones y parabienes al primer ministro holandés, Mark Rutte, se imponen ya en La Haya los primeros ejercicios de realismo ante una situación de enorme complejidad tras el resultado electoral habido el miércoles. Tras el fin de semana de descompresión comenzarán los primeros contactos en serio. Hay siete partidos con entre 32 y 10 escaños. Y hay que sumar 76. Las negociaciones se anuncian largas, complicadas y de resultado incierto. Las capitales europeas, Bruselas y el periodismo han celebrado a Rutte como el héroe que ha salvado a Holanda y Europa de «la peste del populismo».
Para ello han utilizado grandes dosis de demagogia –llámenlo «populismo»– para presentar esa supuesta salvación triunfal. Todos han transmitido la impresión tras los comicios de que antes de los mismos se daba por hecho un triunfo arrollador de Geert Wilders, un bloqueo constitucional y poco menos que la llegada al gobierno de la extrema derecha. Cuando lo cierto es que todos sabían que Wilders, en el mejor de los casos para él y el peor para los demás, podía sacar poco más de treinta escaños. Que solo le habrían servido para denunciar las contradicciones ajenas y lamentarse del trato discriminatorio con que le habrían impedido intentar formar gobierno.
El resultado de todo ello en todo caso habría sido la formación de un gobierno de cuatro o cinco partidos dirigido por el segundo más votado que habría sido Rutte y que habría dejado a Wilders aislado en la oposición. Es decir, exactamente lo mismo que va a pasar ahora. Luego Rutte no ha salvado ni a Holanda ni a Europa de nada. Porque en ningún caso se habría producido otro resultado que el que habrá: un gobierno frágil compuesto por cuatro o cinco partidos muy distintos cuyo único denominador común es la voluntad de evitar que alcance poder un Wilders que gana voto mientras Rutte lo pierde.

Futuro incierto
Lo cierto es que no ha habido la lucha del arcángel contra el demonio, ni un grandioso triunfo del antifascismo multicultural y tolerante frente al fascismo del «amigo de Trump» como venían a contarnos en sus habituales caricaturas algunos medios de comunicación europeos. Lo que ha sucedido es algo tan prosaico como que una derecha dura y liberal ha ganado a la derecha nacionalista al haber sabido birlarle Rutte a Wilders su discurso en la última semana.

Wilders es hombre controvertido que genera rechazo y tiene un discurso limitado. Si Rutte se empeña, lo demostró en el conflicto con Turquía y con los manifestantes turcos en las calles de Rotterdam, sabe usar la retórica y las formas de Wilders tan convincentemente como este o más. Pero ahora debe formar gobierno. Y eso va a ser toda una larga lucha cuyo final feliz está lejos de estar asegurado.

Mark Rutte
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FERNANDO ALTUNA

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Viernes, 17.03.17

Se ha hecho todo por lograr que la sociedad olvide a las víctimas

ESPAÑA puede doler por muchas razones. Por sus inmensas posibilidades para ser tanto mejor de lo que es, una y otra vez desperdiciadas. Por su pasada grandeza ignorada, su capacidad y talento despreciados, por lo que podría ser fácil y amable y es imposible, áspero y agrio. Por todo lo bueno que hay en las gentes a las que se destruye buena disposición y tantas veces la buena fe, se mata la creatividad y agota la ilusión y el entusiasmo. Pero lo peor es el desamor. Esa frialdad e indiferencia que ha ayudado ahora al terrorismo a cobrarse una víctima más. Tiene razón Santiago González cuando dice que Fernando Altuna es la víctima 859 de ETA. Hay una forma muy nuestra de indiferencia ante el dolor ajeno. Radical, seca, abismal, cruel. Muy propia de la sociedad española, que es mucho más homogénea que otras. Todo esto, pero especialmente la crueldad de esa indiferencia, que tanto hizo sufrir a este hombre bueno y sensible, me vino a la cabeza cuando recibí la nefasta noticia por la llamada de un amigo común, Salvador Ulayar, hijo también de un asesinado por ETA. Otro huérfano por la voluntad caprichosa de unos españoles que un día decidieron que les convenía que muriera alguien. Así murieron muchos cientos de padres, hermanos e hijos.
El padre de Salvador Ulayar fue asesinado en Echarri-Aranaz en Navarra; el padre de Fernando Altuna, en Erenchun en Álava. A ambos los mataron entre muchos, entre los que decidieron, los que vigilaron, los que difamaron, los que avisaron y los que dispararon. Entre ellos, conocidos, también vecinos, desde luego paisanos. La mayoría nunca ha pagado nada por lo que hicieron. Los que por una causa u otra han cumplido cárcel han sido homenajeados y celebrados por sus vecinos y gozan de libertad. Tanto Salvador como Fernando han vivido muy íntimamente las ignominias que han sufrido en España todas las víctimas del terrorismo casi desde el momento en que se convierten en tales.

Basilio Altuna Fernández de Arroyabe fue asesinado el 6 de septiembre de 1980 cuando su hijo Fernando tenía diez años. El Gobierno vasco lo llamó, lo recordaba Fernando en una inmensa carta a su padre muerto, «retratos de las vulneraciones del derecho a la vida en el caso vasco», eso era su asesinato. En aquellos años se cerraban los sumarios a las pocas semanas. Ahora que organizaciones de víctimas y una iniciativa de la Fundación Villacisneros pretenden la reapertura de casos –algún éxito ya han tenido– resulta terrorífico ver el desinterés por localizar a los autores. Todas las víctimas han sufrido lo indecible con esa tortura añadida a la pérdida y la vida rota que es saber que su desgracia fue un capricho criminal casi siempre impune. Tortura añadida ha sido la indiferencia actual que un hombre profundamente moral como Altuna no ha podido jamás entender ni soportar. El menosprecio a las víctimas no ha sido ya el perverso reflejo ideológico en una izquierda que siempre ha tenido a ETA por sus camaradas más o menos errados. El desprecio y la indiferencia hacia las víctimas se convirtió en razón de Estado cuando Mariano Rajoy aceptó la oculta colaboración con la llamada pacificación acordada con ETA por Rodríguez Zapatero. Desde entonces se ha hecho todo por lograr que la sociedad española olvide e ignore a las víctimas. Que son la espina dorsal de la historia presente de la Nación. Molestan porque recuerdan a los gobernantes su desprecio a lo esencial. A lo necesario para generar una sociedad sana, firme y abierta para una Nación española fuerte y digna. Que no una masa manipulable, disgregable, cobarde e ignorante. A nadie debe extrañar por ello si alguien sensible como Fernando Altuna se harta de sufrir y se muere de tristeza y de asco.
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LA VICTORIA LIBERAL SACA A HOLANDA DE LA SOMBRA POPULISTA

Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a La Haya
ABC  Viernes, 17.03.17

La coalición de gobierno ha caído y el liberal Rutte tendrá que buscar una alianza con democristianos, centristas y otras fuerzas muy heterogéneas

Concluido el recuento se confirmó ayer, con correcciones menores, el resultado de los sondeos a pie de urna. El primer ministro, el liberal Mark Rutte, logró que su partido, el VVD, quedara como el más votado con 33 escaños y dejó atrás con 20 a su principal rival, el derechista Geert Wilders, que había liderado las encuestas hasta días antes de las elecciones.
Este resultado, que otorga a Rutte automáticamente el encargo de iniciar negociaciones de gobierno, ha sido recibido con alivio por el resto de partidos al margen de su propia suerte. Y con entusiasmo nada disimulado en las capitales europeas y en la UE donde había pánico a que Wilders pudiera ratificar los sondeos de hace unas semanas y convirtiera a su partido en el más votado.
Dentro y fuera del país se había hecho campaña contra Wilders para que Holanda no fuera «otra pieza en el dominó del populismo después del Brexit y de la elección de Donald Trump», tal como decía Rutte y la inmensa mayoría de la prensa nacional y extranjera. La Comisión Europea estaba tan preocupada por Rutte que en la misma jornada electoral en el Parlamento Europeo desfilaron todos los mandos para defender el papel del gobierno de Holanda en la crisis con Turquía, lo que no era otra cosa que un gran capote electoral al primer ministro.
Este ha sabido aprovechar la escalada del conflicto verbal y diplomático con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan para arrebatarle a Geert Wilders el papel de adalid de la defensa de la soberanía de Holanda. Con firmeza frente a las pretensiones de Turquía como país islámico y con dureza policial frente a las manifestaciones de inmigrantes turcos.
El primer ministro ha sabido así sacar máximo beneficio a cinco días de brutal intercambio de golpes verbales entre Ankara y La Haya. Erdogan llegó a niveles inauditos. Tachó a Holanda de guarida de nazis y amenazó con usar contra el pequeño ejército holandés a sus 400.000 turcos inmigrantes que vino a considerar abiertamente su quinta columna en el país anfitrión. Rutte había expulsado a dos ministros turcos que, pese al veto expreso del gobierno holandés, habían intentado celebrar mítines en favor de la nueva constitución autoritaria de Erdogan. Este conflicto retransmitido permanentemente por todas las televisiones dio un impulso a la presencia del primer ministro como gestor de la crisis que ha sido a la postre decisivo.

Decepción
Wilders reconoció que este resultado está lejos «de los treinta diputados que esperaba» pero advirtió a Rutte de que erraba si creía que podía olvidarse de él. Lo cierto es que frente al entusiasmo que fuera del país se ha apoderado de líderes políticos y medios que han titulado con rotundas afirmaciones como «Holanda pone freno al populismo» o «El populismo se acaba en Holanda», las cosas son algo más complicadas. Que tuviera éxito en arrebatarle a Wilders el protagonismo en el pulso con la prepotencia de Erdogan y de cierta inmigración nacionalista turca no puede ocultar la realidad terca que es el colapso de la coalición gobernante presidida por Rutte.

Largas negociaciones
El partido del primer ministro ha perdido ocho escaños de los 41 que tenía y su socio socialdemócrata el PvdA se ha hundido y pasa de 38 escaños a 9. Es decir, la coalición gobernante ha perdido prácticamente la mitad de sus escaños y ha muerto. Aunque en ese estado puede tener que seguir mucho tiempo porque la negociación para una mayoría de gobierno podría ser muy complicada, de difícil encaje y tener como resultado un gobierno muy frágil e inestable. Tendrá que sumar al menos cuatro o cinco partidos, lo que lo hará poco operativo y siempre tendrá enfrente a Wilders y su PVV que será previsiblemente el beneficiario de los problemas que se anuncian cuantiosos.
Han entrado nada menos que trece partidos en el parlamento de 150 escaños y para la mayoría de los 76 harían falta o los cuatro más votados o cinco o incluso seis si uno de ellos, como es el caso del segundo, el PVV de Wilders, no es invitado a participar. O si otro se niega. Esto ya es una referencia para entender el grado de dificultad que va a tener Rutte para conseguir hacer un gobierno que funcione y no estalle en la primera dificultad. Un hecho importante que muchos olvidan con su entusiasmo con que el «populismo» no fuera la fuerza más votada es el colapso de la izquierda. La socialdemocracia tradicional del PvdA sucumbe perdiendo tres cuartas parte de sus votos y escaños. El socialista PS también retrocede. Suben, eso sí, de forma espectacular los verdes de Groenlinks dirigidos por el joven Jesse Klaver que tenían 4 y llegan a 14. Los animalistas tienen escaño y la minoría turca, atención, logra entrar en el parlamento con tres diputados.
Geert Wilders (i) y Mark Rutte,hoy en el Parlamento holandés – REUTERS

La sorpresa narrada en tono épico

Perfil

Ni él, Mark Rutte, soltero, que a sus 50 años vive con su madre, se creía los adjetivos épicos que le ponían a su triunfo en los medios extranjeros. Parecía haber nacido un gran héroe tras una victoria arrolladora, cuando en realidad el primer ministro y su Partido de la Libertad en Democracia (VVD) solo habían perdido menos de lo previsto. Y ha tenido la fortuna de que su rival directo, Geert Wilders, del PVV, había crecido menos de lo esperado.
Como el miedo a Geert Wilders era tal en toda Europa, el resultado se ha recibido como gran gesta. En realidad se ha hundido la coalición. Rutte perdió 8 escaños y su socio socialdemócrata del PvdA nada menos que 29. Si sumaban al principio de la pasada legislatura 79, cuatro por encima de la mayoría absoluta, se habían quedado juntos en 42. Y la distancia entre el propio Mark Rutte y Geert Wilders, que era de 26 escaños, pasa ahora a ser de 13.
En todo caso, el primer ministro tendrá una empresa titánica para formar gobierno. Necesitará cuatro o cinco partidos. Él insiste en que no tendrá contacto con Wilders. No deja de ser curioso que fuera Wilders el que dio la jefatura de gobierno a Rutte, en 2010, con apoyo desde fuera a su coalición. Y fue él quien hizo caer el gobierno en 2012.
Entonces Rutte ganó en plena crisis y formó la coalición que se ha hundido ahora. Ha sabido arrebatarle a su rival el lenguaje combativo frente al islam y de dureza hacia la UE. Ahora le queda lo difícil.

Radiografía de los partidos más votados

Partido Liberal, VVD
Mark Rutte
La formación del primer ministro Rutte bajó en número de escaños respecto a las elecciones de hace cinco años, pero ha sido ganador por partida doble: es el que más escaños tendrá en el nuevo gobierno, y sobre todo no ha sido superado por la extrema derecha.

Extrema derecha, PVV
Geert Wilders
El partido antiinmigración y xenófobo de Geert Wilders ha subido notablemente desde los últimos comicios, y demuestra que el «peligro populista» sigue vivo en Holanda. Pero es el gran derrotado moral, porque tuvo en su día la posibilidad de haber sido el más votado.

Democristianos, CDA
Van Haersma
Los buenos resultados democristianos han sido también una de las sorpresas electorales, y parecen garantizar que habrá una coalición más conservadora que la anterior. La CDA aprovechó bien la ola de nacionalismo que recorre Holanda, desde posturas moderadas.

Centroizquierda, D66
Alexander Pechtold
Los escaños conseguidos por el centroizquierda le señalan como uno de los candidatos para la futura coalición de gobierno que cortejará Rutte. El político socioliberal Alexander Pechtold ha reformado con éxito el partido tras el desastre electoral de 2002.

Verdes, GroenLinks
Jesse Klaver
El partido ecologista ha multiplicado por cuatro su representación parlamentaria, y confirma su progresión desde posiciones muy minoritarias. La opción por los Verdes fue vista en estas elecciones como un voto de protesta frente a los partidos tradicionales.

Socialistas, SP
Emile Roemer
Los socialistas de Emile Roemer, que no estuvieron presentes en la anterior coalición de centroizquierda, aguantan el tirón, pero no lograron erigirse en la voz del cambio que –según ellos– exigía la ciudadanía, Todo indica que seguirán alejados de la coalición.

Socialdemócratas, PvdA
L. Asscher

Son los grandes derrotados de estos comicios holandeses. Han sufrido un gran varapalo al pasar de 38 escaños en el Parlamento a solo 10. Además del «desgaste de poder» con los liberales, experimentan la crisis de identidad del socialismo europeo.
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CLARA VICTORIA DEL LIBERAL RUTTE SOBRE LA ULTRADERECHA DE WILDERS

Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a La Haya
ABC  Jueves, 16.03.17

Elecciones en Holanda

Alianza  El «todos contra Wilders» logró rebajar el resultado que daban las encuestas al extrañopersonaje

La firmeza del primer ministro frente a las amenazas de Erdogan le brindó el triunfo

El primer ministro holandés, Mark Rutte, ha ganado con su partido liberal VVD las elecciones generales con una distancia considerable sobre el antieuropeísta Geert Wilders. Según los primeros avances del escrutinio, recontados el 55% de los votos al cierre de esta edición, Rutte lograría 32 escaños, nueve menos de los que tenía, pero más de los que nadie le auguraba. Wilders se tiene que conformar con 19, en tercera posición, mientras que los cristianodemócratas de la CDA, liderados por Van Haersma, figuran en segundo lugar con 19 asientos. Y se confirma el trágico hundimiento hacia la extinción del Partido Socialdemócrata (PvdA), miembro del Gobierno, que cae de 38 a 9 escaños. Uno de los pilares de la democracia holandesa queda así en la marginalidad.

                                                                               REUTERS
Una holandesa musulmana vota ayer en una mezquita de Amsterdam

A primera hora de la pasada madrugada, el ultraderechista Wilders concedía la victoria a Mark Rutte, quien comenzaba a recibir los primeros mensajes de felicitación desde el exterior.
El primer ministro logró capitalizar todo el tormentoso enfrentamiento diplomático que se desencadenó la pasada semana con Turquía. Su dureza verbal al tratar con las provocaciones del presidente turco Recep Tayyip Erdogan ha llevado a simpatizantes de Wilders a votar por el gobernante que asumió la defensa de la soberanía holandesa estos pasados días.
El primer ministro recibió hasta el último momento los apoyos desde Bruselas de Donald Tusk y Jean-Claude Juncker. Las capitales europeas dormirán más tranquilas sabiendo que Rutte es el más que probable presidente también del próximo gobierno, por mucho que este tarde en formarse ante el tremendo pero tradicional fraccionamiento del voto y la presencia parlamentaria. El «todos contra Wilders» ha logrado rebajar mucho el resultado que aún hace unas semanas le otorgaban las encuestas al extraño y controvertido personaje que lidera la derecha antieuropeísta que ha hecho de la lucha contra la presencia musulmana el eje de su acción política.
Rutte asumió todo el protagonismo del espectacular conflicto de los pasados días con el presidente islamista de Turquía. Lo que a la postre ha sido una gran operación política. Tanto, que ayer ya había voces de la izquierda que le acusaban de haber colaborado al menos en el enconamiento de la crisis diplomática con fines electorales. Pero también señalaban los observadores que Trump, y las simpatías que por él había expresado Wilders, pueden haber también sido un factor que haya frenado al potencial votante de Wilders. La ridiculización de Trump, que es masiva en los medios europeos, también ha podido restar votos al que todos consideraban como una especie de reflejo europeo suyo.
Durante toda la jornada electoral, en un día primaveral de sol radiante, se registró un flujo a las urnas considerablemente mayor al de elecciones anteriores. Al mediodía había votado un 43%, seis puntos por encima de las elecciones de 2012. Al final parece que se superó el 81%. Pero nadie se atrevía antes del cierre de los colegios a interpretarlo como una reacción contra Geert Wilders o como un éxito de su propia insistente llamada a las urnas. Que era lo más temido por todo el resto del espectro político holandés, por las capitales europeas y por supuesto por Bruselas.
Los últimos sondeos habían mostrado esa caída considerable de Wilders y un leve fortalecimiento de Rutte. Wilders protagonizaba ayer también la jornada electoral como ha marcado la campaña, y sobre todo el mensaje. Rutte hablaba de soberanía como solo Wilders lo hacía antes y apelaba a los inmigrantes a «integrarse y aceptar las normas de Holanda» y si no, «a coger sus maletas e irse».
Pero al mismo tiempo como ayer, no ha dejado de apelar al voto para «frenar ese efecto dominó del populismo. Que sea Holanda quien lo pare». Y ha acusado a Wilders de no poder resolver ningún problema y solo agravar los ya existentes. Según Rutte «quien quiere cerrar nuestras mezquitas y quitar el Corán a los musulmanes» no puede traer soluciones a la sociedad holandesa.

Orgullo nacional
Wilders por su parte, en una intervención muy serena pero que no parecía muy entusiasta manifestó que esperaba que su partido «salga muy bien parado». Muy frecuente era ayer la apelación ante los colegios electorales al orgullo nacional holandés para protagonizar ese voto frente al populismo que todos los partidos tradicionales ponen en la misma categoría que el Brexit y la victoria de Donald Trump.
Todos los dirigentes políticos de más de una veintena de partidos que habrán de repartirse los 150 escaños del parlamento se reafirmaron en su negativa a negociar con Wilders. Con lo que, al margen del resultado, Wilders no tiene ninguna posibilidad de entrar en un gobierno.
Cierto es que la formación del mismo va a ser tremendamente tortuosa y probablemente muy larga lo dan todos por hecho. Decía el ministro de Finanzas, Jeroen Djisselbloem, que no se pactará con Wilders aunque eso lleve a las negociaciones del gobierno a durar toda la legislatura. Pero cierto es que en las actuales circunstancias de fluidez política en toda Europa lo que hoy es impensable mañana puede serlo menos. Y eso es lo que dice Wilders cuando se le pregunta por su aislamiento político. Hoy, sin embargo, con estos resultados, Wilders está condenado a la marginalidad.

Soberanía frente al atropello turco

El primer ministro, Mark Rutte, se encontró con un regalo en forma de agresión turca cuando ministros de Erdogan pretendieron dar mítines en favor de una nueva constitución autoritaria y de la pena de muerte. Y la aprovechó con virtuosismo político. Con el mero ejercicio de su cargo, al hacer frente con inusual dureza verbal a las diatribas y provocaciones del presidente turco, arrebató a Geert Wilders el papel de adalid de la soberanía holandesa frente al atropello musulmán. Y Wilders no tiene otro perfil político que ese. Él queda anulado como peligro. Porque le arrebataron el mensaje.
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EL LIBERAL RUTTE PARTE FAVORITO TRAS ADOPTAR EL LENGUAJE DE LOS POPULISTAS

Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a La Haya
ABC  Miércoles, 15.03.17

Elecciones hoy en Holanda

Antieuropeísmo Holanda se ha convertido en una de las sociedades más críticas con la UE

Cordón «sanitario» Todos los principales partidos aseguran que no pactarán con Wilders

Aunque ha bajado en los sondeos, el ultra Geert Wilders ha conseguido marcar la agenda y el debate de la campaña

Los holandeses acuden hoy a unas elecciones generales en un clima político de extraordinaria agitación interior y exterior, con un igualado pulso entre el primer ministro, Mark Rutte, y el antieuropeísta y derechista Geert Wilders y bajo la angustiada mirada de unos vecinos temerosos del auge de los partidos que cuestionan la inmigración y el futuro de la UE. El grave conflicto que ha estallado entre La Haya y Ankara ha hecho más visible el problema que ha marcado toda la campaña: la inmigración musulmana y la profunda insatisfacción en la sociedad holandesa por los efectos sociales y culturales de la misma.
Holanda, uno de los países pioneros y modélicos en la tolerancia, con una generosísima red asistencial universal para todo inmigrante y la propia multiculturalidad, es hoy pionero en la reacción opuesta que exige una profunda revisión de todo el sistema que lideró. En la calle, hasta los más fieros adversarios de Wilders piden cambios. Y muchos dicen que solo le votarán para dar una lección a los demás.
El líder derechista y antieuropeísta ha encabezado por ello los sondeos en las pasadas semanas y llegó a tener una considerable ventaja sobre Rutte. Sin embargo, este ha sabido remontar y ponerse por delante. Hasta cierto punto porque ha adoptado parte de los objetivos y el lenguaje del propio Wilders. Y salvo en el caso de los Verdes y el izquierdismo, es un hecho que Wilders ha marcado la agenda y el mensaje en la política holandesa como nadie. De lo que paradójicamente podría beneficiarse ahora Rutte por su presencia masiva en los medios en los momentos de crisis intensa de los pasados días. En los que ha mostrado una posición de firmeza incondicional frente a la actitud de Erdogan que, en eso hay unidad nacional plena, los holandeses consideran provocadora e intolerable.

Críticos con la UE
Pese a ello nadie puede descartar que Geert Wilders gane estas elecciones. Porque nadie sabe cómo van a reaccionar los holandeses a lo sucedido estos días, pero sobre todo al hartazgo profundo hacia el sistema, hacia los partidos tradicionales y hacia la UE. Lo que ha hecho de la muy tolerante y antaño manejable Holanda uno de los huesos duros y de las sociedades más críticas hacia la UE.
Los asesinatos de Pym Fortuyn y de Theo Van Gogh han hecho de esta sociedad una de las más consecuentes de las amenazas de intolerancia importada. Mucho más frescas están las imágenes de las manifestaciones de pasados días de inmigrantes turcos en defensa de un ministro que llamaba nazi a Holanda. En caso de que Wilders ganara se escenificaría lo que sucede en el debate político en toda Europa. Y que políticamente se plasmará con mucha probabilidad en las presidenciales francesas. Bruselas, los gobiernos y los partidos tradicionales parten de que una «unidad de todos los franceses anti Le Pen» evitarán que en la segunda ronda el 7 de mayo gane la candidata del Frente Nacional.
En Holanda no hay dos vueltas. Luego el frente contra Wilders es previo. Todos los demás partidos han anunciado que no pactarán jamás con Wilders. Este asegura que si gana logrará romper ese cordón sanitario. Pero no parece probable. Luego Wilders quedaría marginado mientras los partidos tradicionales buscan una solución cuyo principal objetivo es mantener fuera del poder a un partido que podría ser el más votado.
El ministro de Finanzas, Jeroem Dijsselbloem, dice que hasta que haya otra coalición, siempre sin Wilders, seguirá el actual gobierno en gestión «aunque todo ello tarde otros cuatro años». El último sondeo da una ventaja de dos escaños a Rutte, del Partido Popular de la Libertad en Democracia (VVD) sobre Wilders y su Partido de la Libertad (PVV) que habría caído tres y empata con una Democracia Cristiana del CDA recuperada de su hundimiento a causa del trasvase de votos al partido de Rutte.
Les sigue el partido verde de izquierdas, Groenlinks, con su joven líder Jesse Klaver, que logra disparar su presencia de 4 a 20 escaños. En el éxito de Groenlinks coinciden todas las encuestas incluidas las que siguen dando un empate de Rutte y Wilders a la cabeza. Después se situaría D66 de Alexander Pechtold y la socialdemocracia venida a mucho menos del PdVA.
La sopa de letras holandesa es caótica y exige inmensa paciencia para la formación de mayorías. El sistema proporcional hace inevitable ese enorme fraccionamiento del parlamento. Se prevé que no sean menos de doce los partidos que entran al reparto de 150 escaños. Para una mayoría estable harán falta al menos cuatro o cinco partidos.

Partidos minoritarios
Hay dos partidos religiosos defensores de la Biblia, un partido animalista, otro de mayores de 50 y un partido, Denk, que defiende a todo ciudadano que no sea blanco, porque los inmigrantes siempre tienen razón. Hasta en el peor abuso porque estarían vengándose de lo sufrido bajo el colonialismo. En fin, desde lo serio a lo trágico pasando por lo ridículo, la oferta política en Holanda parece la de los diferentes tipos de hachís y marihuana en los coffee-shops con sus propiedades: duras y blandas, graciosas o filosófico-reflexivas. La Europa oficial espera que el resultado no sea como temía hace unas semanas, una droga muy dura para el continente.

Más de 30 partidos
Horario Hay 12,6 millones de votantes, que pueden acudir a los colegios electorales hoy desde las 7.30 horas (GMT+1) hasta las 21 horas.
Partidos Concurren más de 30 partidos. Según los expertos, unos 14 pueden obtener representación parlamentaria.
Sistema electoral Es un sistema proporcional de distrito único. En el Parlamento hay 150 escaños de los que nunca un partido ha conseguido la mayoría.

Resultados de los sondeos
(Estimación del número de escaños)
Mark Rutte
Actual primer ministro, ha sabido mantenerse desde 2010. Rutte hizo historia al ser el primer jefe de Gobierno liberal desde la fundación del VVD en 1948

Sybrand Van Haersma
El democristiano es una de las sorpresas. Ha sabido aprovechar la ola de nacionalismo desde la moderación

Geert Wilders
El populista y gran rival de Rutte ha marcado el tono de la campaña

Jesse Klaver
El ecologista ha ido creciendo en las encuestas. Podría ser una de las grandes sorpresas de las elecciones y convertirse en una fuerza importante para formar Gobierno

Alexander Pechtold
El político socioliberal fue encargado de reformar el partido después de los resultados desastrosos de las elecciones de 2002

Emile Roemer SP (Izquierda) (15)

Socialista radical y euroescéptico, intentó erigirse en la voz del cambio que pedía la ciudadanía

Lodewijk Asscher SPvdA (Socialdemócratas)(9)

El laborista y líder del actual partido de coalición de Gobierno, se enfrenta al batacazo que vaticinan todas las encuestas
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TODOS EN LA INOPIA

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Martes, 14.03.17

Los uniformes militares retornarán al paisaje a poco instinto de supervivencia que tenga nuestra sociedad

HACE unos días dos individuos pegaron una paliza a un comandante del Ejército español en Palma de Mallorca. ¿El motivo? Ser del Ejército español. Fue a plena luz del día en pleno centro. Días después fueron detenidos. Esperemos que les condenen a algo más que un fin de semana de inhabilitación y sin chuches. Que es lo que les correspondería si se aplicaran los aparentes baremos de la sentencia contra Artur Mas por lo que de hecho es un golpe de Estado. Porque en algo sí tiene razón Mas: la ley no es igual para todos. Unos pagaron en España por un golpe de Estado con veinte años de prisión. Ahora otros, por lo mismo, pasan dos cómodos años celebrados como perseguidos por una sentencia sin otro efecto que ese rentable victimismo. Todos los golpistas del separatismo en la Generalidad dicen todos los días, por todos los cauces a su alcance que son muchos, que su «prusés» es un golpe de Estado que va a destruir a España como Nación y Estado, dinamitar la Constitución por mil partes y crear una Cataluña independiente. Y los demás, ni caso. ¿Que hay que castigarle un poco? Dos años de inhabilitación. Lo que se penará por arrancar una planta protegida. Menos que por una patada a un burro se paga por patadas sin pausa a las vidas, a los derechos y los intereses de millones de españoles maltratados por la inquina nacionalista. Cuatro años gastando obscenamente el dinero del erario en destruir España y resulta que no hay malversación. Cuatro años presumiendo de sus preparativos, legales e ilegales para el golpe de mano de forzar hechos consumados irreversibles para la nueva República Catalana. Cuatro años dando órdenes contra España con amenazas y recompensas. Premiando deslealtades para la traición suprema. Pues tampoco hay prevaricación, dicen. Estamos en la inopia.

Igual que, hagan lo que hagan, apenas se condena a los golpistas, no ha habido forma de que las instituciones de Palma y la región balear condenaran la agresión al militar, que por supuesto se produjo al grito de «fascista». Solitaria ha sido la condena de la delegación del Gobierno. Desde hace tiempo agrede a los militares lo peor de la sociedad española, desde Ada Colau, las huestes comunistas de Podemos, a toda la subcultura del separatismo y el mantra antiespañol. Ya saben que en España nos borraron los uniformes militares de la imagen cotidiana hace décadas. Dijeron que era para no presentar blanco fácil a ETA. Hubo quien dijo que ya entonces era mentira. Hoy lo sería en todo caso. Los uniformes militares retornarán al paisaje a poco instinto de supervivencia que tenga nuestra sociedad. Como lo hará el refuerzo de toda la simbología del Estado. En otros países será un refuerzo de la práctica común. En España supondrá un cambio de paradigma y el fin de una anomalía. No es cuestión de estética sino de seguridad. A la larga, de supervivencia. En España, donde nadie se entera de un golpe de Estado aunque los autores lo expliquen a diario, tampoco hay conciencia aun de la que se avecina en toda Europa. La crisis de la sociedad occidental ya está cambiando los postulados y hábitos del pasado medio siglo, algunos ya auténticos obstáculos para la convivencia racional y para la autodefensa de la sociedad abierta. ¿Cómo de abierta será la sociedad en unas décadas a la vista de movimientos migratorios masivos y nuevas amenazas y conflictos? Nadie lo sabe aun. Pero los cambios están en marcha. Incluso en esta España en la inopia que solo parece recocerse en necias salsas propias. Y a muchos, golpistas o agresores entre ellos, no gustarán nada.
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